miércoles, 3 de abril de 2013

Cambiar los genes para mejorar el mundo

Hoy traigo una reseña de un libro publicado recientemente por editorial milenio. El libro se titula: cambiar los genes para mejorar el mundo. y lleva el elocuente subtítulo de La ciencia al servicio de la humanidad. A diferencia de la mayoría de reseñas que he publicado en el blog, no se trata de un libro de ciencia, sino de un libro de científicos. Paul Christou fue el científico que desarrollo la técnica de transformación genética por disparo mientras trabajaba en la empresa americana Agracetus. está técnica sigue siendo la más utilizada para transformar cereales y es la que ha dado lugar a algunas de las variedades transgénicas de más éxito como la soja RR. Desde hace años se dedica a la investigación académica. Estuvo en el John Innes en Norwich (Inglaterra), en el instituto Fraunhofer en Alemania y desde el año 2004 dirige el laboratorio de Ingeniería Genética de la Universidad de Lleida, lo cual no deja de ser un orgullo ya que a pesar de la precaria situación de la ciencia, todavía somos capaces de atraer talento. Este libro no se centra en las investigaciones ni en los descubrimientos de su trayectoria científica, sino que narra las vidas de los 14 científicos que comparten proyectos y esfuerzos en el mencionado laboratorio. El tema de investigación, los proyectos que llevan a cabo no son más que un Mc Guffin, una excusa para lo que es el auténtico tema del libro, explicar por qué diferentes personas, de diferentes países, culturas y educaciónes, convergen en un espacio y en un lugar para dedicarse a la investigación en biotecnología vegetal, así encontramos a Paul Christou, chipriota que en Julio del 74 combatió contra la invasión turca de Chipre, su esposa Teresa Capell, hija y nieta de payeses que vio en la biotecnología vegetal una forma de continuar la tradición familiar y que además es autora de la ilustración de la portada, Ludovic Bassie, que empezó siendo cartero en la Costa Azul y ahora lleva a cabo proyectos de producción de fármacos en plantas transgénicas,  Changfu Zhu nacido en china, que después de trabajar por laboratorios de medio mundo (y aprender los idiomas de sus países de acogida) ahora esta insertando la ruta de biosíntesis de carotenoides en maíz y aprendiendo catalán, Shaista Naqvi, que no pudo ser cirujana por un error administrativo en su país Pakistán y que ha tenido que luchar contra los prejuicios que hay en su país hacia las mujeres y ahora contra los perjuicios en Europa hacia los transgénicos. Ariadna Peremartí, que pasó de licenciada en medicina a trabajar en biotecnología vegetal. Es muy interesante la parte en que los autores cuentan, en primera persona, que fue lo que les llevó a dedicarse a la ciencia, así la sudafricana Koreen Ramessar, que investiga la producción de fármacos contra el SIDA en plantas, se interesó por el proyecto entre otras cosas, a los miles de vidas que se cobra en su país natal, entre ellas la de una compañera de laboratorio, y su indignación cuando Greenpeace amenazó desde las páginas del diario local con destruir los campos experimentales donde cultivaba sus plantas, las conversaciones con su familia de Sonia Gómez Galera, con las que cualquiera que haya trabajado en el tema podrá identificarse. También podemos leer como la vocación por la ciencia de la moldava Svetlana Dashevskaya nació de unos libros de ciencia ficción para niños de Yan Larri, escritor popular en la antigua Unión Soviética. O como Dawei Yuan, hijo único por la política China de control de natalidad, encontró en la ciencia un refugio en su niñez y actualmente además de hacer sus tesis doctoral es un apreciado cocinero en las comidas de laboratorio. O como a la pamplonica Maite Sabalza fue "atrapada" por una charla del propio Paul en su clase. Gema Farré en cambio realiza la investigación cerca de su ciudad natal, lo que no impide que en el laboratorio hable frecuentemente en inglés, y que tenga que realizar parte de sus experimentos en el extranjero por la amenza que han proferido los grupos ecologistas sobre los campos experimentales. La colombiana Sol Maiam Rivera descubrió en Lleida que existían las estaciones y llegó a la biotecnología vegetal por la importancia de las plantas medicinales en su cultura natal, o Bruna Miralpeix, atleta y científica, que inasequible al desaliento ha sufrido, como todos que un proyecto no ha funcionado, y que sin rendirse, ha cambiado de proyecto para investigar anticancerígenos, impulsada por haber perdido a su hermana por esta enfermedad.

Por suerte en la universitat de Lleida hay gente más inteligente que el autor de estas pintadas


Un libro de lectura fácil y amena altamente recomendable. Los que ya se dedican a la investigación se sentirán identificados con alguna de las historias, los que quieran dedicarse a la investigación, en cualquier campo, o que todavía no se hayan decidido encontrarán argumentos más que suficientes y los que no tengan interés en la investigación o en la ciencia o solo una mínima curiosidad verán como es este mundo desde dentro, con una perspectiva que no tiene nada que ver con la que se da desde las película o los medios de comunicación. Recomiendo también su lectura a todos aquello que están en contra de la investigación en biotecnología vegetal,  que promueven acciones violentas contra campos experimentales, para que se den cuenta de cual puede ser la verdadera magnitud de sus actos y los graves perjuicios que ocasiona, no solo económicos.



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10 comentarios:

  1. Un lujo de grupo. Espero que sigan aquí por muchos años. Además de todo lo que cuenta el libro, he sido testigo del entusiasmo con que Teresa cuenta Ciencia a niños y niñas de 11-12 años. Fenomenal, de verdad.

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  2. Es encomiable el esfuerzo de algunos con enorme fe y fuerza de voluntad, generalmente mal recompensados en nuestro país.

    Pero una cosa es eso, y otra muy diferente lo que compruebo que tú haces aquí en tu blog, Mulet. Lo tuyo (faltar a la verdad o publicar entre medias verdades y medias mentiras, siempre sesgadas en una dirección, con demasiada frecuencia) es grave y merecedor de repulsa. En ningún caso mereces autoencuadrarte (como submiliminalmente, o no tan subliminalmente estás haciendo en este post) en la categoría de científicos dignos de admiración. Mucho tendrías que cambiar para que los demás científicos te respetemos.

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    1. Normalmente los científicos suelen argumentar tus razonamientos, tú en cambio descalificas gratuitamente. Pero desde el anonimato y erigiéndose en portavoz... un poco prepotente ¿no?

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    2. Estimado anónimo:
      Mucho tendrías que cambiar (tu) para que los demás científicos te respetemos.
      Para empezar, se suelen firmar los comentarios. Para seguir, se suelen argumentar las afirmaciones. Así no te dejan publicar ni en el panfleto de las fiestas de tu pueblo.
      Quizá no siempre estemos todos de acuerdo en las formas. A JM le falla en ocasiones la paciencia, pero sinceramente, no me extraña con comentarios como el tuyo.
      H. Leis

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    3. Y tu que haces, si no argumentas nada

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    4. Para mi también es un honor trabajar con ellos, por su elevado nivel científico, su entusiasmo, su entrega y su generosidad. Aprovecho para felicitar a Teresa y a todo su grupo y desearles Felices Fiestas de Navidad!!

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  3. Vaya. Parece interesante. Añadido a la lista de libros por leer.

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  4. Cientificos que apoyen el transgénico están al servicio del dinero por encima de la salud de las personas

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    1. Se ve que la comida no transgénica la regalan.

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  5. Buenas Mulet,

    no es necesario que publiques esto, porque no viene nada a cuento con esta entrada del blog, simplemente quería compartir contigo este enlace y no tengo ningún otro medio de ponerme en contacto contigo.

    http://extension.uned.es/actividad/4937&codigo=AGRIC

    Se trata del primer curso de agricultura ecológica que encuentro impartido desde una perspectiva científica (al menos eso parece según el programa), donde los ponentes son profesores de universidad e investigadores dependientes del CSIC y no miembros de un culto esotérico.

    Un saludo.

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