Uno de los
problemas más graves al que deben hacer frente los agricultores son los virus vegetales. Estos microscópicos
invasores son capaces de ocasionar grandes pérdidas económicas a través de una
gran variedad de síntomas diferentes: disminución del crecimiento, manchas o
decoloración, lesiones en hojas, flores o frutos,...etc. El principal problema de
la virosis (es así como se denomina
a cualquier enfermedad ocasionada por virus) es que una vez la planta ha sido
infectada no hay tratamiento capaz de erradicarlo. Además de los virus, las
plantas pueden sufrir la invasión de otro tipo de enemigos invisibles
denominados viroides, capaces de
causar una sintomatología muy similar a la de los virus.
Los
viroides son patógenos que afectan exclusivamente a las plantas y que poseen
una extraordinaria simplicidad en su composición, mayor incluso que la de sus
compañeros los virus, por lo que su gran capacidad de causar enfermedad resulta
sorprendente. Asimismo, y precisamente por su simplicidad, las rutas por las
que los viroides se mueven a lo largo de toda la planta para conquistarla son
todo un enigma.
Una de las
líneas de investigación que se lleva a cabo en el laboratorio de Virología
Molecular de Plantas en el que colaboro persigue precisamente resolver dicho
enigma. ¿Cómo son capaces los viroides de invadir por completo la planta
careciendo de componentes tan esenciales como son las proteínas? ¿Secuestrarán
algún componente presente en la planta para usarla en su propio beneficio?
Partiendo de esta última hipótesis, se observó que en la savia (o específicamente en el floema, o savia elaborada en la jerga científica) de ciertas especies vegetales existe un componente,
concretamente una proteína, capaz de unirse específicamente a los viroides.
Dado que se sabe que los virus necesitan de un componente propio (denominado
proteína de movimiento) para moverse a lo largo de la planta, este resultado
nos acerca a comprender mejor cómo ocurre este proceso.
En este
tipo de estudios, el empleo de especies de las
Cucurbitáceas, como son la calabaza, el pepino, la sandía o el melón, es
especialmente interesante. Por un lado, estas plantas son capaces de producir
grandes cantidades de savia, y por otro, se trata de una familia vegetal
cultivada en casi todo el planeta y que posee una gran importancia económica.
Las últimas estadísticas realizadas por la FAO (Organización para la
Alimentación y la Agricultura)
indican que la producción de estos cultivos alcanza aproximadamente los 195
millones de toneladas en todo el mundo.
Por tanto,
no resulta descabellado suponer que una mejor comprensión del mecanismo por el
cual los viroides producen enfermedades en este y otros cultivos podría
traducirse en un aumento de la producción y mejora de las características
agronómicas de los mismos, suponiendo un beneficio tanto para los agricultores
como para nosotros, los consumidores
María Tortosa Viqueira
María Tortosa Viqueira
