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martes, 17 de septiembre de 2013

Adaptando las plantas a la sequía

Las plantas, al igual que el resto de seres vivos, están sometidas a un estrés más o menos constante. En primer lugar hay que decir que la palabra “estrés” que utilizamos en biología tiene una acepción diferente en nuestra vida cotidiana. Por estrés se entiende cualquier condición ambiental que perturba a un organismo o su actividad. Así pues, factores como la luz, la radiación, microorganismos patógenos o la disponibilidad limitada de nutrientes, son causas comunes de estrés. Las plantas poseen además el hándicap de ser sésiles y no poder desplazarse, lo que hace que necesariamente tengan que soportar las no siempre fáciles condiciones del medio, sufriendo un gran estrés. Uno de los estreses que más afecta a las plantas es la falta de agua, denominado en la jerga déficit hídrico, que en su condición más extrema está representado por la sequía. Cuando la planta detecta algún tipo de estrés, como por ejemplo la falta de agua en el suelo, pone en marcha una serie de mecanismos para adaptarse y sobrevivir a esta situación. Un ejemplo más cercano a nuestra especie sería que cuando existe un incremento en nuestra temperatura corporal, nosotros podemos optar por ponernos a cubierto del sol o beber agua, y nuestro cuerpo pone en marcha mecanismos de sudoración con el fin de disminuir su temperatura. Alternativamente las plantas cierran los estomas (pequeñas poros en las hojas que regulan el intercambio de gases) evitando así perder agua y mantienen el crecimiento de la raíz para buscar cualquier resquicio de agua en el suelo. En la puesta en marcha de estos mecanismos en la planta participa activamente una hormona vegetal denominada ácido abscísico (ABA), conocida también como la hormona del estrés. El ácido abscísico (ABA) ejerce como mensajero para informar a la planta de una situación de estrés para así poner en marcha los mecanismos necesarios para soslayar esta situación. El modo en que el ABA ejerce su función implica una serie de componentes que funcionan de manera coordinada en lo que denominados una ruta, que es básicamente como una reacción en cadena o un efecto dominó. El final de esta reacción en cadena y por tanto de la ruta conlleva la activación de las respuestas de la planta para superar o adaptarse al estrés.


 
La sequía, uno de los grandes problemas de la agricultura actual (y pasada)


En nuestro laboratorio se trabaja investigando varios de los componentes de esta ruta, que nosotros denominamos “ruta de señalización de ABA”, pues el ABA es la señal que le indica a la planta que debe ejercer una respuesta frente a un estrés. Más concretamente, durante este año mi trabajo ha consistido en la investigación acerca de los primeros componentes que actúan en esta ruta, los denominados receptores (PYR/PYL), en una planta modelo llamada Arabidopsis thaliana (esta planta es modelo no porque sea alta, delgada y guapa, sino porque reúne una serie de características que la hacen especialmente útil en el laboratorio).  Continuando con la analogía del dominó, los receptores serían una de las primeras fichas de dominó en caer, empujando en su caída a otros componentes de la ruta. La manera de investigar la función de estos componentes (en este caso un receptor) es desactivar su función y observar el resultado de esa desactivación (lo que se denomina fenotipo). Se obtiene así una planta mutante para esa función. Cuando se desactiva la función de varios de estos componentes se obtiene un mutante múltiple.

En Arabidopsis existen 14 genes de receptores que se nombran como PYR1 y PYL1 a PYL13, y mi tarea ha consistido en obtener plantas mutantes múltiples de estos receptores para averiguar aspectos relativos a su función observando su fenotipo. Hemos conseguido generar una planta que tiene afectados hasta 7 de estos receptores (un mutante séptuple) que tiene diversos problemas fisiológicos y no pueden responder igual de bien ante un estrés. Uno de estos problemas es que estas plantas tienen grandes pérdidas de agua por transpiración, de modo que hay que mantenerlas en un ambiente con una elevada humedad. Asignar una función concreta a cada receptor no es tarea fácil, pues todos tienen una función similar en la planta. No obstante, sí que hemos observado que no todos los receptores tienen la misma importancia dentro de la planta y que parece existir una jerarquía, de tal modo que la planta parece sobrellevar mejor la pérdida de función de unos receptores que de otros. Por ejemplo, la planta se encuentra afectada de diferente manera si le faltan los receptores PYR1, PYL1 PYL2 y PYL4 que si le faltan los receptores PYR1 PYL4 PYL8 y PYL9, aunque a ambos les falten 4 receptores. Necesitaremos de más y nuevos experimentos futuros para averiguar más acerca de estos receptores.


El conocimiento no solo de los receptores, sino del resto de componentes de esta ruta de señalización de ABA, de las diferentes piezas del dominó, tiene potenciales aplicaciones en la agricultura, en cuanto a la obtención plantas que toleren mejor ciertos estreses, sobre todo el estrés hídrico, es decir, la sequía. Modificando determinados componentes que intervienen en esta ruta, se podrían obtener plantas resistentes a la sequía, que tuvieran las respuestas adaptativas frente a este estrés permanentemente activadas. Esto supondría un incremento en el rendimiento de las cosechas, pues se disminuirían las pérdidas ocasionadas por los periodos de sequía. Es probable también que en un futuro existan fármacos que activen estos receptores, haciendo a las plantas más resistentes a la sequía y que sean aplicados por los agricultores, como hoy día lo hacen con los fertilizantes o los antifúngicos. Parecen claros entonces los beneficios de la investigación en este campo. Pero para que las potenciales aplicaciones se conviertan en aplicaciones reales, debería transferirse el conocimiento generado en Arabidopsis a plantas de interés agronómico, como bien podría ser el tomate.

RUBÉN FERNÁNDEZ SANTOS
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miércoles, 4 de mayo de 2011

Lucha molecular contra la sequía

Ayer hablaba en amazings.es sobre las diferentes estrategias que siguen las plantas en condiciones naturales para hacer frente a la sequía. Las respuestas fisiológicas las conocemos bastante bien, por lo tanto la pregunta inmediata sería… ¿podemos aplicar esto para hacer cultivos tolerantes a sequía? Pues no es fácil, de hecho la selección artificial ha tenido un éxito moderado. Hay variedades de muchas especies de interés tolerantes a sequía… pero no suelen ser las que más salida comercial ni producción tienen. Tampoco hay plantas transgénicas en el mercado tolerantes a sequía (de momento, sigue leyendo).
Podemos pensar que como ya conocemos las moléculas responsables de hacer que las células toleren mejor a la sequía la aplicación a la agricultura es inmediata. Por ingeniería genética podríamos hacer plantas de cultivo que acumulen más osmolitos, o que sinteticen algún osmolito que de forma natural son incapaces de acumular y así hacer cultivos más tolerantes. Se ha intentado, y se sigue intentando, con muy poco éxito. El problema es que en la naturaleza las plantas tienen una regulación de la síntesis de osmolitos muy estricta, de forma que solo se sintetizan cuando hace falta y en el momento en que las condiciones ambientales son buenas, se corta en seco. Podemos hacer que la planta sintetice estos osmolitos, pero, de momento no somos capaces de hacer que la regulación sea tan buena (la evolución nos lleva varios millones de años de ventaja). ¿Cual es el problema? La síntesis de osmolitos es energéticamente muy costosa, si obtenemos plantas que acumulen más, o que esten siempre sintetizándolos, cuando llegue la sequía resistirán mejor, pero en condiciones normales estarán utilizando muchos de los recursos que necesitan para crecer o para acumular azúcares en el fruto o la semilla para producir osmolitos, con el resultado final que estas plantas suelen dar un rendimiento final de pena. No compensa la mejor tolerancia a la sequía. En agronomía a este factor se le llama el “Yield Penalty”, o penalización sobre el rendimiento. Sería como tener un coche que estuviera siempre revolucionado, cuando le metas la marcha saldrá disparado… pero mientras tanto está quemando gasolina de forma inútil. En algunos casos se han conseguido variedades que en laboratorio han funcionado bien y que la penalización sobre el rendimiento ha sido razonable… pero en campo han fracasado, por diferentes razones. En unos casos el aumento de la producción de osmolitos ocasiona alteraciones en el desarrollo normal. En otros el problema es más sutil. A veces en el laboratorio, a puerta cerrada y bien mimadita, la planta se porta como una campeona, pero cuando sale al campo a los bichitos les vuelve loco el exceso de osmolitos y se las zampan. No obstante, hacer ciencia consiste en volverse a levantar después de cada fracaso, y la búsqueda de variedades tolerantes continúa.

La sequía, una amenaza global.
Conocemos muy bien, a nivel molecular, la respuesta hormonal que se desencadena cuando la planta percibe la sequía. Todo depende de una hormona llamada ácido abcísico. Alterar esta respuesta hormonal de forma que la planta sea capaz de movilizarse con mayor rapidez puede suponer una mejora de entre un 5% al 10% sin afectar demasiado al rendimiento final. Parece que sea poca cosa, pero ahorrar un 5% en agua de riego supone un beneficio medioambiental enorme por aliviar la presión sobre los acuiferos, y por ende, menos emisiones de CO2. Existe otra estrategia más sutil, cuando la célula empieza a desecarse diferentes procesos celulares empiezan a fallar. La caída no es de todo o nada, sino que hay algunos procesos más sensibles que otros y que son los que van a caer primero. Si identificamos estos procesos (conocidos como factores limitantes) y en cierta forma los compensamos (simplemente, haciendo que el gen responsable de la enzima que falla se exprese más, o expresando una enzima que de alguna manera compense este proceso) podemos conseguir una mejora en la tolerancia a sequía. Sería como tener una presa en una crecida de un río en la que aparecen grietas. Si eres capaz de identificar y reparar la que va a reventar primero conseguirás más tiempo. Obviamente si la crecida continúa al final la presa reventará, pero si mientras tanto la crecida para, pues has evitado el problema. Durante este 2011 aparecerá en el mercado la primera variedad de maíz tolerante a sequía, fruto de una cuerdo de colaboración entre BASF y Monsanto. Esta variedad codifica un gen de bacterias (cspA) que codifica una proteína de unión a ARN, que parece ser un proceso que en maíz falla en condiciones de sequía. El tiempo dirá si esta variedad triunfa o no es admitida por los agricultores, que son los principales beneficiarios de esta tecnología. De toda manera, no hay que bajar la guardia, la lucha contra la sequía continúa.
El maíz tolerante a sequía, a punto de salir al mercado
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